Educar, algo más sencillo de lo que a veces parece.

Hola a todos/as.

En sintonía con las pautas que se dejaron no hace mucho en el blog, os recomiendo que leáis el siguiente texto, escrito también por la psicóloga Patricia Ramírez Loeffler. Aprovecho también para recordaros, que podéis compartir cualquier artículo o información que consideréis interesante respecto al ambito educativo, enviándome el enlace a mi correo electrónico.

Educar, algo más sencillo de lo que a veces parece.

Los hijos maleducados, caprichosos, desobedientes, incluso tiranos pueden ser motivo de desesperación, ansiedad e incluso de la separación de los padres.

Muchas parejas acuden a la consulta desquiciadas. Su comentario más común es “lo hemos probado todo”. Pero no se trata de probarlo todo, sino de hacer lo correcto.

Los hijos cuando nacen lo hacen sin límites, sin normas, y como personas inteligentes que empiezan a ser, te ponen a prueba para conseguir lo que quieren. Pero lo que quieren no siempre es lo que les conviene.

Un niño sin límites se convierte en un tirano, el mundo está a sus pies, se cree con derecho a todo y piensa que los demás están para servirle. Termina por no darle valor a lo material, y lo más triste y peligroso, por perderle el respeto a las personas.

Cuanto antes empieces a decir lo que sí y lo que no se hace, mejor. No es lo mismo corregir un comportamiento con doce años que haber empezado a educar desde muy pequeñitos.

Es cierto que cada casa, cada familia y cada niño son diferentes y lo que funciona para unos no sirve para otros. Pero hay una serie de normas básicas que puedes seguir y sobre las que construir el tipo de educación que quieras tener con ellos.

  1. La orden que des tiene que ser clara y sencilla. Construye frases simples, no des tres órdenes en una misma frase y ten cuidado para que las órdenes no se contradigan entre sí. Si mandas al niño a ducharse y recoger el cuarto, igual no sabe por dónde empezar. Pídele primero lo que necesitas tú y cuando se haya duchado, le pides lo segundo “ahora por favor, recoge tu cuarto”.
  2. No quieras cambiar todo a la vez. Si tu hijo tiene una lista enorme de cosas que te gustaría que fueran diferentes (recoger el cuarto, ponerse a hacer los deberes solo, no pelear con su hermana pequeña, comer rápido, vestirse rápido por las mañanas antes de ir al colegio, ducharse solo, etc.), no trates de querer cambiar todo a la vez. Si le transmitimos que todo lo hace mal, se sentirá inseguro. Elige aquello que para ti tenga más importancia y empieza por esa conducta. Si aplicas estas pautas, seguro que conseguirás un cambio. Una vez tenga automatizado el cambio, elige otro comportamiento y así sucesivamente.
  3. Recuerda el impacto y la relevancia del REFUERZO. Reforzar significa prestar atención a lo que hace bien,  cualquier cambio, y comunicárselo. Si continuamente centras la atención en lo que hace mal y le corriges y te enfadas, aprenderá que esta es la manera de llamar tu atención. Presta a tención a todo lo que hace bien (jugar tranquilo solo, recoger, hacer los deberes sin que estés encima) y refuérzale “qué cuarto más recogido, qué maravilla, parece el de un palacio”. Haz que se sienta bien por los cambios y por lo que de por si aporta el niño. Todo lo que se refuerza, se repite. A los niños les gusta que sus padres estén orgullosos de ellos, pero tenemos que decirles de lo que estamos orgullosos, porque ellos no lo van a adivinar. Buscan continuamente tu atención para que les digas que son guapos, listos, grandes, maravillosos…pero si lo único que reciben es que son vagos, malos, chillones, etc., se acostumbrarán a comportarse de esa forma con el único fin de que estés pendiente de ellos.
  4. Mantén la calma. No te van a respetar más porque chilles o pegues. Al revés, pierdes toda la fuerza, les trasladas que están pudiendo contigo y que te tienen al límite. Todo lo que consigas decir con un tono de voz firme pero en tono conversacional, cobrará más valor. La serenidad y estar en tu sitio le transmite al niño seguridad. Seguridad en el sentido de que “mi madre o padres sabe lo que dice, lo tiene claro”.
  5. Cuando corrijas o muestres tu enfado con ellos, no los ningunees, ni ridiculices ni hagas juicios de valor. Critica su comportamiento, lo que hace o deja de hacer, pero no dirijas el enfado hacia la persona. Porque si te dedicas a etiquetar a tu hijo terminará por comportarse conforme a las expectativas y le afectará a la autoestima. Es mejor decir “no me gusta ver tu cuarto desordenado, por favor guarda los juguetes en las cajas y la ropa sucia métela en el cesto” a decirle “eres un guarro, siempre tienes todo tirado, qué asco de cuarto”.
  6. Sé constante y perseverante. Necesitas que el niño aprenda y el aprendizaje no se consigue con el primer ensayo. Tienes que armarte de paciencia. Además, al principio, cuando cambies de estrategia y busques poner en práctica estos puntos, el niño querrá tensar la cuerda y ver si eres capaz de aguantar con paciencia y tranquilidad. No le dejes que te gane la batalla. Verbaliza por dentro “aguanta campeona, que es por el bien de todos”.
  7. No dudes. Si hoy le pones una norma y mañana la cambias, le trasladas que no tienes claro lo que quieres. Antes de poner un castigo o de establecer las normas, analiza, piensa con calma y no actúes de forma impulsiva, y menos bajo un estado de ira.
  8. Sé coherente y predica con el ejemplo. Si les pedimos que no hablen alto, que no falten el respeto, que no peguen, que no vean la tele mientras comen, que sean buenos amigos, que lean libros…tienes que hacer lo mismo. Los padres son el primer modelo para los hijos, y los niños lo copian e imitan todo.
  9. No levantes los castigos, ¡NUNCA! Si eres de los padres que castigan en función del nivel de ira que tu hijo consigue provocar en ti…luego el castigo será desproporcionado “te quedas sin salir tres meses”, te dará pena y se lo levantarás…y te convertirás en alguien al que se puede chantajear emocionalmente. Es preferible que aplaces el tipo de castigo que le vas a poner, pero que sea efectivo, coherente y lo cumplas.
  10. Si vives en pareja, no os contradigáis delante de ellos. Lo que no os guste en cuanto a la educación de vuestros hijos o aquello en lo que diferís, habladlo por favor a solas, cuando no os escuchen. Los niños son muy listos y enseguida saben a quién pueden acudir para conseguir lo que desean. Y te aseguro que a muchos les da igual que se genere un conflicto entre vosotros.
  11. No os descalifiquéis el uno al otro…y mucho menos delante de ellos. Si entre vosotros no os respetáis, vuestros hijos tampoco lo harán. Y este consejo es especialmente importante para todos aquellos que estáis separados. Los hijos no son los responsables de vuestra separación, así que no les hagáis partícipes de la opinión negativa que cada uno podáis tener del otro. Ni les interesa ni les beneficia. Guardad vuestra rabia y descalificaciones para hablarlas, si es necesario, con otros adultos.
  12. No sientes precedentes. Si has puesto una norma y se está cumpliendo, no vuelvas atrás, ni des un margen, porque el próximo día te lo volverá a pedir. Negocia lo que sea negociable y no sientes precedentes con lo que no lo es.
Categorías: Zona Familias

Navegador de artículos

Los comentarios están cerrados.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.